lunes 16 de julio de 2007

Desperté…?

Hoy, como casi todos los días desde que existes en mi vida, desperté con el único pensamiento que cabe en mi mente a esa hora del día: TÚ.

Sin embargo, esta mañana fue tan diferente a las demás. Abandoné con pesar la cama, cosa extraña, pues desde que no estás, muero por salir de esas sábanas que me ahogan con tu ausencia.

Tomé un desayuno que resulto en insulto, café frío, sin ti, jugo amargo, con prisa por salir de este espacio vacío de nosotros, lleno sólo de mí.

Me cubrí del frío con la sudadera que me regalaste al partir, o tal vez la olvidaste.

Cuando salí de este lugar, caminé sin detenerme, aun cuando los automóviles me hacían saber con ruido ensordecedor que invadía su espacio. Llegué hasta aquel edificio enorme, con ventanas como espejos y ahí, donde siempre, reservada para mí, la banqueta en la que espero sentada a ver aparecer tu figura.

Miro el reloj, quince minutos y nada, no apareces bajo el quicio de la puerta. Esperaré, aunque quisiera, no puede suceder de otra forma, estando aquí corro el riesgo inminente de verte.

Mientras espero tu arribo, recuerdo el día en que partiste. Hacía mucho calor; comíamos uvas, las que compraste en el mercado aquella mañana. Luego, el equipaje, llegó el taxi, Te Amo, un beso, adiós.

Pasaron largos meses desde aquel día hasta hoy, casi el mismo tiempo de espera, no es cierto, llevo aquí sentada sólo media hora, es mucho. Tú siempre has sido más puntual

No es culpa tuya, esta obsesión mía de mirar el reloj cada sesenta segundos es mortal. Por fin apareces. Buscas con la mirada a tu alrededor, con esa forma tuya de ser, rara vez miras hacia abajo. Sin embargo hoy lo haces, me encuentras, me miras.

Corres, estás ansioso, algo ha pasado que quisieras gritar. Me levanté y fui a tu encuentro después de un largo abrazo, una duda salta a mi mente.

-¿Por qué hasta hoy, por qué aquí, por qué…?

Me ordenas silencio con un beso que me corta el aliento y respondes mis preguntas.

-Porque es tu cumpleaños y no encontraba el libro que tanto quieres, me quedé dormido y cerraron la librería donde lo había pedido, tuve que esperar y perdí el vuelo de ayer. Porque el aeropuerto no es un bonito lugar para que me recibas en medio de tanta gente extraña, porque en esta acera frente a este hotel hace exactamente tres años, encontré tus ojos divinos.

A la sazón me di cuenta, nada era real, todo era como una ilusión: el café no estaba frío, el jugo era muy dulce, mi sueño delicioso. No pasaron cuarenta y cinco minutos.

La verdad es que necesitaba volver a verte, saberte mío, de regreso, sentir el calor de tu abrazo y la humedad de tus besos. Sólo entonces…

…Desperté.


AER
*160707*

sábado 14 de julio de 2007

De como me trajé al mundo...

De cómo me traje al mundo…

Hace apenas unos meses vi la luz, aunque hace ya 22 años que mi madre me echo al mundo. Después de volar a veces muy alto, otras sin atreverme a despegar siquiera. Un buen día encontré mi vida. Me encontré a mí. Y nació Alejandra.

No fue una labor de parto nada fácil. Fue muy dolorosa, entre sangre, sudor, lágrimas y la más absoluta soledad me traje a la vida. Para llegar hasta aquí, he tenido que viajar al desierto y someterme al más grande aislamiento, buscar en medio de la nada uno por uno mis huesos inertes. Recogerlos con sumo cuidado, puesto que los años no pasan en vano y el tiempo cobra facturas; los más de ellos se hallaban casi deshechos.

Una vez que los hube reunido me lancé en búsqueda de la que sabe, de una anciana Alejandra, que vive en lo más profundo de aquel desierto. Y he tenido que complacerla muchas veces y en muchas cosas, para lograr que me canté una canción. Que traiga la vida de vuelta a mis huesos.

Después de un tiempo lo he conseguido, he nacido, y también sé que alguna vez deberé morir no para siempre, sólo mientras colecciono mis huesos de nuevo.

AER
*180607*

Barquillo de Fresa

Cierto, que he sido paciente contigo que he pretendido que no me daba cuenta de que ya no me notabas.
Cierto, que he disfrazado de orgasmos con ruidos que encendías el fuego interior cuando reposabas dentro de mí.
Cierto, que soy condescendiente contigo y más cruel conmigo de lo que podría ser con nadie.
Cierto, que prometí amarte siempre aunque hoy ya ni yo me lo creo ¿Por qué aparentas creerlo tú?
Cierto, que el día que cruzaste el umbral que te ponía fuera de mi vida, de mi alma, de mis pensamientos, de mi cuerpo, de Alejandra. Dejé de ser "tu Alejandra" y comencé a ser "MÍA"
Cierto, pensé que no podría vivir sin ti...Sin embargo sentí que era el momento preciso para vivir conmigo.
Cierto, también, que esta es tu casa. Que aquella es tu cama la que llenaste de mí hasta la más grosera saciedad y vaciaste de ti para dejarme escarchar sola.
Pero nada tan irrefutable ni nada más cierto como que hoy al atravesar esa puerta me llevo conmigo sólo lo que me pertenece, y tal vez lo que el derecho de la revancha me otorga:
Mi cuerpo, hermoso, intocable para ti y sólo mío.
Mi espíritu, casi marchito, pero sobreviviendo a ti.
La dignidad de no haber sido nunca tu mujer. Sólo tu vecina bajo el mismo techo.
Y veinte pesos, que tomé de tu billetera, la misma que yo te regalé. El único pago por haberme borrado del mapa durante tanto tiempo y dibujarme de nuevo cuando tú lo requerías. Me los llevo para cumplirme un capricho. Uno solo; el que siempre imitaste regalarme aunque nunca igualaste.
Al salir de este edificio. Correré sin detenerme hasta doblar la esquina, encontrarme a Jacinto el de las flores y pedirle que de aquellas, de las que más me gustan me de a cambio del billete arrugado que le extiendo con la mano firme...
...Un hermoso barquillo de fresa.
AER